Algunas lágrimas y muchos favores

Antonio Banderas (artículo aparecido en la revista “La saeta de otoño” 2009)

La Semana Santa pasada (año 2009) fue publicado en la revista “Pasión de Málaga” un artículo en el que traté de analizar, naturalmente desde mi punto de vista, las distintas formas de entender y de sentir nuestra Semana Mayor. Lo escribí desde mi experiencia personal, pero no sólo como alguien que ha venido participando y formando parte de estas celebraciones desde sus años infantiles, allá por los sesenta, sino también tratando de observarla con una cierta distancia, poniendo atención, y abriendo ojos y oídos a las opiniones de otros, incluso las de aquellos que no se identifican con ella, o los que directamente la critican.

En dicho artículo pasaba revista a los distintos aspectos y colores que componen este poliedro religioso, espiritual, artístico e identitario. Hacia la parte final del mismo y haciendo referencia al futuro de la Semana Santa, hice hincapié en los compromisos sociales que el mundo cofrade tiene adquiridos, y es precisamente este el punto que me gustaría desarrollar, ahora que tengo la oportunidad de expresarme desde mi posicionamiento como cofrade de Fusionadas y miembro de la sección de Lágrimas y Favores.


En primer lugar, he de decir, que no soy tan ingenuo como para pensar que las opiniones o ideas que me dispongo a plasmar en este artículo constituyen algo nuevo o revolucionario en el ámbito de las obras sociales que llevan a cabo las cofradías. Desde hace mucho tiempo son numerosas las hermandades que asumieron un compromiso con este tipo de actividades benéficas y, aunque a veces su trabajo ha sido invisible y discreto, la huella que esta labor altruista ha dejado en los colectivos y personas recipientes de dicha ayuda humanitaria ha sido imborrable.

En cualquier caso, soy de los que piensan que no es suficiente, que hay que hacer más. La apuesta que nuestra cofradía de Fusionadas va a poner sobre la mesa pretende ser muy seria en sus formas y muy sólida en su contenido. Es por esto que hace aproximadamente un año y medio me decidí a plantear en la mayordomía y sección de María Santísima de Lágrimas y Favores un plan social, en forma de carta, para que fuese analizado por mis hermanos cofrades y obtener así su aprobación para que inmediatamente después fuese elevado a nuestro hermano mayor, D. Eduardo Rosell, que era a quien iba dirigido el documento, y éste lo pusiera en conocimiento de la Junta de Gobierno de la Cofradía para que ésta lo debatiese y si se procedía a su aprobación pasar, sin dilación, a su puesta en práctica.

De forma reducida, extraeré algunos pasajes de este documento para que entiendan ustedes la naturaleza de la propuesta. Dirigiéndome a nuestro hermano mayor decía: “Creo que el mundo cofrade en general, y las cofradías en particular, tenemos no solo la posibilidad, por el entramado humano del que disponemos, sino también un cierto grado de responsabilidad y deber para con la sociedad y la comunidad a la que pertenecemos”. Los motivos para asumir esta responsabilidad eran expresados de esta manera: “Las razones podrían enmarcarse dentro del campo de lo estrictamente religioso, es decir, hacer simplemente uso y práctica de las enseñanzas de Jesús, muy especialmente aquellas referidas a la ayuda a nuestros semejantes, al amor y asistencia al prójimo. Creo que ésto se impone en un grupo humano que fundamenta su existencia en la figura de nuestros titulares y en lo que éstos representan, tanto en el ámbito espiritual como en el terreno de la idea de un mundo mejor, más solidario, más justo y más comprometido.

También la iniciativa comparte ese sentimiento religioso con una clara vocación filantrópica y altruista donde sólo se desea el bien al otro (al necesitado), de alguna manera servir a tu comunidad sin pedir nada a cambio…”.Los campos de acción social son muy variados, tanto como las necesidades de una sociedad como la nuestra, que aunque se enmarca dentro de las llamadas desarrolladas, todavía cuenta con agujeros por donde se cuelan situaciones de injusticia, de carencias que dejan al descubierto los puntos negros de una sociedad cada vez más individualista y menos comunitaria. Esto debería convertirse en una invitación a la participación de un mundo como el cofrade, que cuenta con un modelo de organización, y con un entramado social, que se extiende desde el centro hasta los barrios, y que sobre todo dispone de un capital humano extraordinario que no debería diluirse o encerrarse en la endogamia, en un mundo de puertas cerradas, sino todo lo contrario, debería abrirse a la comunidad a la que pertenece y poner a disposición de ésta la energía que generan tantos miles de mujeres y hombres que componen el verdadero tesoro de las cofradías y hermandades.

Pero el saber hacia dónde dirigir esas energías es parte fundamental de esta propuesta, así como la capacidad real de actuación de la que disponemos. Así pues, decidimos en nuestro proyecto el ser específicos en cuanto a los fines que íbamos a perseguir, y apostar por algo concreto. El mundo de la cultura y de la educación se abría ante nosotros como un mundo lleno de posibilidades de acción, en primer lugar por lo que éste representa. Es ahí, precisamente donde se labra el futuro de nuestra sociedad, donde están plantadas las semillas no sólo del conocimiento, sino de las relaciones humanas. En segundo lugar porque tenemos conocimiento de la existencia de puntos negros en el sistema educativo que discriminan a determinados individuos frente a otros básicamente por razones de índole económica.

Por lo tanto, nos decidimos a hacer una propuesta y a desarrollar nuestro proyecto en esa dirección, es decir, proponemos establecer un concurso de becas parciales o de ayudas a los estudios, en el campo universitario, que permita a determinados alumnos llevar a cabo sus carreras y que garantice que éstas se realicen hasta su finalización con el desahogo y la tranquilidad de saberse respaldados por nuestra fundación. Sobra decir que esta propuesta fue recibida con entusiasmo tanto por parte de nuestro hermano mayor, Eduardo Rosell, como por el resto de la cofradía. Nos dieron luz verde para iniciar el desarrollo de la idea y sin dilación nos pusimos a trabajar con gran ilusión.

Lo primero que había que hacer era darle un carácter y una forma legal a nuestra iniciativa. Comenzamos, pues, el procedimiento para formalizar la constitución de una fundación, que llevaría el nombre de nuestra titular, y que recogería en sus estatutos los fines que perseguimos. A día de hoy estamos en ello, y en el momento en que dispongamos del documento final lo haremos público, pues es intención nuestra el enmarcarlo dentro de una gestión transparente y accesible. En este sentido creo que es importante remarcar y dejar claro que los fondos de los que disponga la fundación irán destinados en su totalidad a los fines antes reflejados. No se destinará ni un euro de estos fondos al enriquecimiento del patrimonio, ni a otros gastos ligados al funcionamiento de la cofradía.

El segundo paso era entrar en contacto con las autoridades académicas y exponerles los fines y la intención de nuestro proyecto. El encuentro tuvo lugar en días previos a la Semana Santa 2009 en el Rectorado de la Universidad de Málaga. A la cita acudieron Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad, así como algunos decanos de la misma y miembros de la cofradía entre los que yo me encontraba. He de decir que tanto nosotros como nuestras propuestas fueron recibidas con los brazos abiertos, en un ambiente tremendamente positivo que rápidamente dio lugar a un debate en el que comenzaron a ponerse sobre la mesa ideas y fórmulas para articular de la forma más eficiente posible el proyecto. La puerta ya estaba abierta, el encuentro terminó con la idea de mantener más reuniones en las que acabaríamos por dar forma a la relación que habría que mantener entre la fundación y la Universidad de Málaga, para el desarrollo de todo el plan de ayudas acordado. En un momento de la entrevista la rectora de la Universidad preguntó si teníamos algún tipo de condiciones para la concesión de estas ayudas, a lo que le respondimos que la única condición era la de que los alumnos que recibieran estas “becas” debían de ser malagueños, de nacimiento o de adopción, nada más. Lo planteamos así por dos razones fundamentales, por una parte tratando de ser conscientes de nuestras posibilidades económicas y por otra, tratando de ser generosos y no exclusivistas a la hora de poner condiciones relacionadas con la religión, raza, etc., y siempre eliminando la posibilidad de forzar a aquellos que se beneficien de las ayudas a que participen de las actividades de la cofradía. No, no vamos buscando incrementar nuestro número de hermanos, sino ofrecer nuestra mano a quien lo necesite de una forma incondicional, punto.

El tercer paso y quizá el más difícil, es el referido a la obtención de fondos e ingresos para acometer nuestros objetivos. Ese pequeño detalle de los euros. Quizá alguno me tilde de iluso si digo que tengo una fe absoluta en la capacidad de trabajo y de ideas de mis hermanos cofrades, y que es precisamente en esta capacidad de sacrificio en la que baso mi creencia de que vamos a conseguir el capital necesario para llevar a cabo nuestros planes. También nos tildaban de soñadores cuando hace ya algunos años el grupo de Lágrimas y Favores se puso a trabajar para sacar a la calle, en recorrido oficial a nuestra titular, en un trono nuevo, y ahí está. La historia de la sección de Lágrimas es la historia de un grupo de mujeres y hombres con fe en su Virgen, en la vida, en su barrio, en su tierra, y en su identidad. Han hecho falta muchas rifas, muchas tómbolas, muchas verbenas, mucho trabajo y mucho amor. Ese es el camino por el que vamos a continuar. Haremos conciertos, recitales, galas, lo que haga falta para seguir persiguiendo una idea, la idea de una Málaga cofrade solidaria, abierta a su comunidad, comprometida con la realidad, crítica y entregada a su gente. Naturalmente existe la idea de que este proyecto se contagie, con otras formas, con otros fines, no sólo al resto de las secciones de nuestra cofradía de Fusionadas, sino a otras hermandades. Creo que ahí esta la Semana Santa del siglo XXI, en la aportación, cada uno dentro de sus posibilidades, de ese grano de arena que le dé a nuestras celebraciones de pasión un carácter más amplio, y si se me permite, mas práctico, sin eliminar nada de lo hecho hasta ahora, sin que se produzca la más mínima pérdida de nuestro carácter o de nuestra personalidad.

Si, soy un soñador, me he pasado gran parte de mi vida persiguiendo sueños, pero créanme, a veces éstos se hacen realidad. Ahora sueño con ver en la cara de las personas que se agolpan en las calles al paso de nuestra Virgen un gesto de orgullo, una sonrisa de complicidad, unos ojos que vean, detrás del oro y la plata, más, mucho más, que vean a un grupo de personas que durante el resto del año quieren servir al mundo al que pertenecen, y que en esa capilla de plata en la que la portamos, se refleje una muestra de amor por esa Virgen de Lágrimas y Favores, símbolo, icono, capaz de operar el milagro de hacernos sentir más juntos, más dignos, más humanos, una Virgen que derrama algunas Lágrimas y muchos Favores.

Saeta-2009-1